"La verdad es que estos días estuvimos haciendo milagros", comenta sin vueltas Alicia Salinas, la cocinera de la escuela Otilde B. Toro, de San Javier. Así, tan claro como el agua (bueno, cuando la tienen) fue la respuesta cuando se le preguntó "¿cómo se hace para cocinar para tantas personas todos los días?".
Alicia sostiene una bandeja con los restos de lo que parece haber sido un rico bizcochuelo. Es lunes por la mañana y los niños todavía no llegaron porque las clases se suspendieron por la jornada de elecciones del domingo. "Ahora van a comenzar a llegar a partir de las 14", cuenta la cocinera.
Mientras tanto, desde un parlante que da al patio central retumba un enganchado de rock nacional de los 90. Pareciera que el clima es de fiesta, no por las elecciones, sino porque volvió el agua y van a poder lavar y cocinar sin problemas. Por lo menos un par de días -o de horas- porque ni ellos lo saben.
"Por suerte, no tuvimos que suspender las clases porque todos los días nos trajeron agua mineral desde la comuna para hacer el mate cocido, la sopa y las otras comidas", comentó.
Son unos 150 chicos y una decena de maestras que asisten a la escuela, desde las 8 hasta las 16. Todos los días se les sirve el desayuno, el almuerzo y la merienda. En el baño están apilados los tachos y en una caja decenas de botellas de plástico. Una maestra les muestra a los chicos que ya sale agua de la canilla y entre todos comienzan a llenar los baldes. Es tan normal como subirse al tobogán o comer golosinas. De hecho es parte de la rutina diaria de todos los que viven en la comuna.